2 dic 2012

CYRANO


El filme titulado “Cartas del parque”, escrito por Gabriel García Márquez y llevado al cine por el cubano Tomás Gutierrez Alea, se caracteriza por estar relacionado con el texto de Edmund Rostand: Cyrano de Bergerac.  Esta relación que implica la absorción de un texto es una parte de lo que conocemos como intertextualidad. La intertextualidad es un tema muy enriquecedor en el campo de la literatura, pero también lo es en el cine. Según el diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, es el conjunto de las relaciones que se ponen de manifiesto en el interior de un texto determinado[1].                
El personaje garciamarquiano del filme llamado Pedro el escribano, entabla un diálogo con el personaje teatral Cyrano de Bergerac, ambos intermediarios de un amor que crece gracias a las cartas que ellos escriben. Los dos personajes ayudan con su capacidad de expresar sus más bellos ideales a través del la palabra a los más pobres de dicho don. Ambos sirven de intermediarios para aquellos hombres que son incapaces de conquistar a una mujer.
La relación de los personajes  Pedro y Cyrano es intertextual  externa, entre textos de diferentes autores. Los textos que aparecen a lo largo del filme son de autores como Victor Hugo y Guatavo Adolfo Bécquer. Esta relación de intertextextualidad genera un eje poético que se devela a lo largo del filme.
La inclusión del texto de Edmond Rostand en el de García Márquez se advierte si hay conocimiento del receptor de ambos textos ya que no hay ninguna evidencia que anote nombres propios, es un guiño que hace Márquez al autor de teatro.
En el texto de Rostand, se recrean los matices del sufrimiento humano y nos convence por la desgracia de su defectuosa nariz, de que el propio infortunio hace parte de nuestros afectos. La imposibilidad en el amor lo hace genio de la palabra al igual que en Pedro, el escribano de Cartas del parque. 
El texto de Márquez tiene por contenido los textos de Cyrano de forma fingida y esto hace parte de la intratextualidad: Un texto puede tener por contenido otro texto real o fingido, con los problemas de metalenguaje que derivan de este hecho…es una verdadera “heteroglosia”[2]   
La obra de teatro de Rostand, está sin lugar a dudas inmersa en Cartas del parque y esto hace que se enriquezca de la magia de Cyrano de Bergerac. La pregunta es ¿Si todo texto es absorción y trasformación de otro texto como lo afirma Julia Kristeva, debe ser una copia tan fiel como lo vemos en el filme escrito por Gabriel García Márquez?  Recordemos otra heteroglosia que se da en Memorias de mis putas tristes con La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata en donde García Márquez vuelve a hacer otro guiño pero ahora al Nóbel de literatura japonés, pero este sería otro tema.                 




[1] Marchese, Angelo y Forrandelas, Joaquín. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona, Editorial Ariel. 1991. pg 217.
[2] Ibíd., pg 218