El filme
titulado “Cartas del parque”, escrito por Gabriel García Márquez y llevado al
cine por el cubano Tomás Gutierrez Alea, se caracteriza por estar relacionado
con el texto de Edmund Rostand: Cyrano de Bergerac. Esta relación que implica la absorción de un
texto es una parte de lo que conocemos como intertextualidad. La intertextualidad es un tema muy enriquecedor en el campo de la literatura, pero también lo es en el cine. Según el diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, es el conjunto de las relaciones que se ponen de manifiesto en el interior de un texto determinado[1].
El personaje
garciamarquiano del filme llamado Pedro el escribano, entabla un diálogo con el
personaje teatral Cyrano de Bergerac, ambos intermediarios de un amor que crece
gracias a las cartas que ellos escriben. Los dos personajes ayudan con su
capacidad de expresar sus más bellos ideales a través del la palabra a los más
pobres de dicho don. Ambos sirven de intermediarios para aquellos hombres que
son incapaces de conquistar a una mujer.
La relación de
los personajes Pedro y Cyrano es
intertextual externa, entre textos de
diferentes autores. Los textos que aparecen a lo largo del filme son de autores
como Victor Hugo y Guatavo Adolfo Bécquer. Esta relación de intertextextualidad
genera un eje poético que se devela a lo largo del filme.
La inclusión
del texto de Edmond Rostand en el de García Márquez se advierte si hay
conocimiento del receptor de ambos textos ya que no hay ninguna evidencia que
anote nombres propios, es un guiño que hace Márquez al autor de teatro.
En el texto de
Rostand, se recrean los matices del sufrimiento humano y nos convence por la
desgracia de su defectuosa nariz, de que el propio infortunio hace parte de
nuestros afectos. La imposibilidad en el amor lo hace genio de la palabra al
igual que en Pedro, el escribano de
Cartas del parque.
El texto de
Márquez tiene por contenido los textos de Cyrano de forma fingida y esto hace
parte de la intratextualidad: Un texto
puede tener por contenido otro texto real o fingido, con los problemas de
metalenguaje que derivan de este hecho…es una verdadera “heteroglosia”[2]
La obra de
teatro de Rostand, está sin lugar a dudas inmersa en Cartas del parque y esto hace que se enriquezca de la magia de
Cyrano de Bergerac. La pregunta es ¿Si todo texto es absorción y trasformación
de otro texto como lo afirma Julia Kristeva, debe ser una copia tan fiel como
lo vemos en el filme escrito por Gabriel García Márquez? Recordemos otra heteroglosia que se da en Memorias de mis putas tristes con La casa de las bellas durmientes de
Yasunari Kawabata en donde García Márquez vuelve a hacer otro guiño pero ahora
al Nóbel de literatura japonés, pero este sería otro tema.