30 may 2012

CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS. El ejercicio de un escritor

El orden de las cosas que debe mantener el joven narrador  del cuento de Cortázar al entrar a un espacio que no es el suyo es una metáfora de la creación literaria. Cuando el hombre vomita conejitos vemos al escritor vomitando una idea. A pesar de que se dice que es un cuento autobiográfico por las molestias que sentía el autor en su garganta, no hay que dejar de lado las múltiples interpretaciones de este hermoso cuento.

Andrée, la mujer que le encomienda su apartamento a un hombre que extrañamente vomita conejitos, es como si fuera una obra literaria a punto de publicarse, y el hombre llega a arreglar su espacio, el cual termina destruyendo completamente. Un orden que no es el suyo, un oficio de traductor de un imposible. 

La soledad del personaje refleja un espacio necesario para crear, una necesidad de alienarse ante la sociedad y de alejarse para no ser interrumpido. Al no lograr la travesía necesaria y destruir todas esas ideas desordenadas e incoherentes que no tienen relación entre ellas, el personaje se autodestruye. No soporta la idea de no crear, de no establecer en un espacio que no es el suyo, la obra de arte. Y Andrée, la señorita en París regresará y su obra habrá muerto. Habrá sido destruida por el traductor.